Wonder Pony: Panique au collège!

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Como muchos de los que frecuentamos este blog, uno también gusta de los cómics injustificablemente violentos y/o con señoritas con poca o ninguna ropa, aunque de vez en cuando lee algún que otro cómic más limpio e inocente para limpiar el paladar. Es así que suelo leer cómics como Boule â zero de Zidrou, Gaston de Franquin o incluso éste que hoy nos ocupa.

Y para ir despejando dudas, les diré que sí, me gustó. Es un cómic sencillo y digestivo, con una premisa absurda y tontorrona pero que entretiene y sienta bien. El concepto básico: una nena recibe poderes de un pony de juguete y se convierte en la heroína Wonder Pony, con la fuerza y agilidad de un pony (o poney, en francés). ¿Una heroína francesa con nombre en inglés? Voy a explayarme un poco más en los próximos párrafos, pero les advierto desde ya que no intenten encontrarle demasiado sentido a esta bobada.

Louison es una nena de 6to grado que va a una escuelita con internado. Sus compañeras de cuarto son An (con una sola n), muy sociable y parlanchina, y Sam(ira), más retraída y gótica. Ambas eventualmente se convertirán en sus mejores amigas. Un día, revisando la buhardilla de su habitación, encuentran una caja con algunos objetos: un tarrito de esmalte para uñas, un paquete de dulces y un pequeño pony rosado. An se queda con el esmalte, Sam con los caramelos y a Louison le toca el pony.

Pero el pony viene con sorpresa: es un mágico y puede cambiar de tamaño y hablar, y es así que le dice a Louison que es el espíritu protector de la escuela, y que ella debe defender el establecimiento bajo la guisa de Wonder Pony, y que tendrá la fuerza y habilidades… bueno, de un pony. Así que, eso. El resto del volumen se nos va en conocer al resto de los compañeritos y personal de la escuela y en alguna que otra pelea con unos monstruos que son encarnaciones de los miedos de los nenitos. Y hay una subtrama que se ocupa de la doble identidad de Louison y de la (¿efímera?) fama de Wonder Pony.

Y eso es todo. Se deja leer, es entretenido, y supongo que lo sería más si uno estuviese en edad escolar. Así como el argumento está hecho con saldos y retazos de otras historias infantiles, el dibujo es simplote, de libro de lectura elemental, tan simple que hace que quien sea que dibuje Steven Universe parezca en comparación Alex Ross en Kingdom Come. Los personajes parecen haber salido todos del mismo molde pero con peinados y ropita distinta para cada uno de ellos. Y los hay de distintos colores, pero, por ejemplo, el profesor de literatura es básicamente un niño con pelitos a lo Dr. House. Pero son expresivos, y eso es lo que cuenta.

El muñequito más simpático y logrado dentro de esta simplicidad casi espartana es, por supuesto, el pequeño pony. Pero está bien. No puedo medir a Wonder Pony con la misma vara con la que mediría a Druuna o Sin City, sino más bien con la que evalúo los libros del Dr. Seuss, y la pregunta, en ese caso, sería: ¿la recomendaría como lectura infantil? La respuesta es: sí. También sirve si uno, que ha dejado de ser infante hace décadas, quiere desintoxicarse tras tanto zombi y superhéroe.

Wonder Pony se deja leer como un unitario y, que yo sepa, hasta el momento Marie Spénale no ha escrito un segundo o tercer álbum que justifique el subtítulo que supuestamente lo diferenciaría de los tomos subsiguientes. Además de la edición original (Jungle, 2018), para esta reseña tuve acceso a la traducción estadounidense (Boom!, 2020), que viene con una guía para docentes, así que supongo que en los Estados Unidos debe dársele algún uso escolar. ¿Hay mejores lecturas? Sí, por ejemplo, las dos que mencioné en el primer párrafo. Sin embargo, Wonder Pony se gana mi recomendación ya que entretiene sin demasiadas pretensiones y sin causar daño cerebral permanente.

al-curro

Esta reseña ha sido previamente publicada en HTAL. Se autoriza su reproducción total o parcial en tanto se mencione a su autor. © 2021 Hugo C.

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